Sin poder entrar en el S.XXI

El jueves fui al dermatólogo al ambulatorio de Gros. La verdad es que soy un desastre y me dejé los papeles que me dio el médico de cabecera en casa (en realidad no decían nada, sólo que me mandaba para valorar). Le pedí a Raquel que les sacara unas fotos y me las mandara al móvil. Sólo por si acaso.

Según entro en la consulta el médico me pide el volante. No lo he traído. Me dice que sin el volante no se puede hacer nada. Aquí le hice un comentario. Luego le explique a lo que había ido y me atendió sin ningún problema.

Ahora vuelvo al comentario que le hice. Le pregunté si mi historia no le aparecía en el sistema informático y me dijo que no.

Me sorprende como en pleno siglo XXI esos datos no están en una base de datos centralizada para que todos los especialistas tengan acceso a ella. Hay medios más que suficientes y el ahorro que supondría en preguntas innecesarias y discusiones o malestares como el de mi médico o el mío propio, justifican sin lugar a dudas que ese sistema esté en marcha y funcione.

También puede ser otra cosa: que el sistema esté, pero a mi médico, que tenía dos periódicos encima de la mesa y me atendió veinte minutos tarde siendo el primer paciente de la mañana y ni se levanto de la silla para explorarme, no le apeteciese mirarlo. Eso ya sería peor.

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