Caracteres especiales: códigos ALT

Puedes saltarte el rollo inicial e ir a aprender cómo introducir letras griegas por teclado.

Soy un fan de los atajos de teclado. Considero que se trabaja mucho más rápido sólo con el teclado, cuando es posible hacerlo, que recurriendo al ratón. Me aficioné a ellos hace más de veinte años, con el primer PC que tuve. No tenía sitio para el ratón en la mesa que tenía por aquel entonces y usaba un pequeño trackball adosado al teclado. Cuando éste se estropeó tardé bastante en encontrar uno nuevo y, mientras tanto, me dediqué a explorar las posibilidades del teclado. El primero que usé, o al menos de los primeros tras los clásicos ctrl-c, ctrl-v y ctrl-z fue el ctrl-Esc. Parece mentira, pero en Windows 95 era como se abría el menú de inicio si no tenías ratón, ya que los teclados de la época todavía no traían la tecla de Windows.

Para cada programa que uso habitualmente, (Windows, Word, Excel, GMail…) siempre reviso la lista de atajos de teclado y me apropio de los que creo que voy a usar con más asiduidad.

Además de eso siempre se necesitan algunos caracteres especiales para los que uso los códigos ALT. Los códigos ALT se usan de la siguiente manera:

  • Pulsar la tecla ALT
  • Manteniendo ALT pulsado, introducir un código en el teclado numérico
  • Soltar la tecla ALT

Ejemplos que suelo usar son los siguientes:

ALT+26   →ALT+16   ►ALT+253   ²ALT+252   ³
ALT+157   ØALT+126   ~ALT+169   ®ALT+184   ©
ALT+171   ½ALT+172   ¼ALT+243   ¾ALT+241   ±
ALT+156   £ALT+230   µALT+192   └ALT+248   °

Además de esto, últimamente me he visto en la necesidad de usar letras griegas y es realmente un engorro tener que andar buscándolas por ahí para hacer un corta y pega. Sin embargo la tabla de códigos ASCII clásica que usa Windows no contiene todas las letras griegas.

Buscando por ahí he encontrado algunas tablas en las que aparecen, pero al usar ALT+el número de la tabla no me sacaba las letras.

Finalmente he conseguido que salgan usando el siguiente método.

  • Abrir el registro de Windows → Ejecutar (Win+R) “regedit”
  • Ir a HKEY_CURRENT_USER\Control Panel\Input Method
  • Crear un nuevo Valor de cadena, denominado “EnableHexNumpad” con valor “1”
  • Cerrar y abrir sesión de usuario o reiniciar el equipo

Una vez hecho esto ya se pueden introducir más valores. Por ejemplo para meter la letra kappa minúscula el código Hexadecimal es 03BA, por tanto lo que hay que hacer es mantener ALT pulsado e introducir la secuencia “+03ba”. Eso nos saca κ.

Ésta sería la tabla con caracteres griegos (hay otras para otros caracteres especiales):

SymbolISODescription
Α\0391Greek capital letter alpha
Β\0392Greek capital letter beta
Γ\0393Greek capital letter gamma
Δ\0394Greek capital letter delta
Ε\0395Greek capital letter epsilon
Ζ\0396Greek capital letter zeta
Η\0397Greek capital letter eta
Θ\0398Greek capital letter theta
Ι\0399Greek capital letter iota
Κ\039AGreek capital letter kappa
Λ\039BGreek capital letter lambda
Μ\039CGreek capital letter mu
Ν\039DGreek capital letter nu
Ξ\039EGreek capital letter xi
Ο\039FGreek capital letter omicron
Π\03A0Greek capital letter pi
Ρ\03A1Greek capital letter rho
Σ\03a3Greek capital letter sigma
Τ\03A4Greek capital letter tau
Υ\03A5Greek capital letter upsilon
Φ\03A6Greek capital letter phi
Χ\03A7Greek capital letter sigma
Ψ\03A8Greek capital letter psi
Ω\03A9Greek capital letter omega
α\03B1Greek small letter alpha
β\03B2Greek small letter beta
γ\03B3Greek small letter gamma
δ\03B4Greek small letter delta
ε\03B5Greek small letter epsilon
ζ\03B6Greek small letter zeta
η\03B7Greek small letter eta
θ\03B8Greek small letter theta
ι\03B9Greek small letter iota
κ\03BAGreek small letter kappa
λ\03BBGreek small letter lambda
μ\03BCGreek small letter mu
ν\03BDGreek small letter nu
ξ\03BEGreek small letter xi
ο\03BFGreek small letter omicron
π\03C0Greek small letter pi
ρ\03C1Greek small letter rho
ς\03C2Greek small letter final sigma
σ\03C3Greek small letter sigma
τ\03C4Greek small letter tau
υ\03C5Greek small letter upsilon
φ\03C6Greek small letter phi
χ\03C7Greek small letter chi
ψ\03C8Greek small letter psi
ω\03C9Greek small letter omega
ϑ\03D1Greek small letter theta symbol
ϒ\03D2Greek upsilon with hook symbol
ϖ\03D6Greek pi symbol

Dick & Jane

En el libro “Mientras escribo” de Stephen King, éste propone un ejercicio de escritura. Nos da una situación con dos personajes: Dick y Jane. Y nos pide que comencemos a escribir, a escarbar hasta sacar un fósil de ese trozo de tierra que él nos da. Éste es el fósil que he sacado yo.


Aquella tarde tras salir de trabajar, Dick dejó a las niñas en la fiesta de cumpleaños de Susan, la niña que acogió a Mary, su hija mayor, como su nueva mejor amiga,en cuanto llegaron a vivir a Shoreham. Alguna de las correas del coche había empezado a hacer un ruido horroroso aquella mañana y el escándalo que armaba Dick a su paso era importante. Pensó que tendría que llevar el coche al taller, pero para un rato de relax, sin niñas, que iba a tener, decidió dejarlo para el día siguiente.

Aparcó en el caminito de entrada al garaje de la casa que le había dejado su primo Vincent cuando tuvieron que irse de su casa por lo que ocurrió con Jane, y quitó la llave de contacto con gran alivio, ya que el chirrido de la correa le estaba trepanando el cerebro. Cogió la compra que llevaba en el maletero y fue hacia la entrada. Introdujo la llave en la cerradura y se quedó quieto, alerta, como un perro de caza. Algo no iba bien. No sabía bien qué era, pero algo hacía saltar sus alarmas.

Miro a derecha e izquierda, primero de reojo y después girando el cuello, sin ver nada de particular. Examinó la puerta de entrada, pero tampoco vio nada. Finalmente pensó que su imaginación, poco acostumbrada a tanta calma, le estaba jugando una mala pasada.

Entró en casa y puso un hervidor a calentar agua para tomarse una tila. Creía que la necesitaba. Mientras el agua se calentaba puso la tele y comenzó a recoger la compra. Heidi Neuman, la espectacular presentadora del magacín de la tarde, interrumpía en ese momento el debate/bronca que tenían en marcha en el plató,para dar una noticia de última hora. Tres pacientes habían huido del sanatorio para enfermos mentales de Worcester aquella misma mañana. Dos de ellas habían sido capturadas en la estación de tren de Audubon, a cinco kilómetros de Shoreham, pero la última todavía seguía libre.

A Dick se le cayó toda la sangre a los pies. Era Jane, No había duda. Aquello que había disparado sus alarmas en la entrada, no era más que el rastro del inconfundible perfume de Jane, Organza. Sólo Jane, siempre tan coqueta, seguiría echándose un perfume de cien dolares el frasco en un sanatorio.

Despacio fue echando mano al taco de cuchillos que tenía a su lado para coger el cebollero.

—Tranquilo —oyó a su espalda—. Eso no será necesario.

A Dick se le erizaron los pelos del cuello, hasta que una mano caliente se posó en su nuca.

—Jane. ¿Qué haces aquí?

—¿No te alegras de verme? —repuso Jane, zalamera, mientras hacía escalar sus dedos por entre el pelo de Dick.

Éste se revolvió y se encontró ante su ex-esposa. Ésta le sonreía maliciosa. La miró de arriba abajo. Con el pelo rizado recogido en una coleta, unos aros en las orejas, unos vaqueros  y una camiseta blanca… ¡qué guapa estaba la jodida! Hasta parecía una persona normal. Sólo la delataban los zuecos, único resto del uniforme del sanatorio. Unos zuecos blancos, de los cuales el derecho, presentaba una mancha rosácea en un costado.

—Deberías estar encerrada —murmuró Dick.

—Vamos, cariño, no te pongas así.

—Trataste de envenenarnos. A mí y a las niñas. Y luego le pegaste fuego a la casa. Estás pirada. Voy a llamar ahora mismo a la policía —dijo Dick en tono monocorde, como tratando de no alterarla a pesar de lo de “pirada”.

Jane echó la mano a su espalda y sacó un revólver que debía llevar en la cinturilla del pantalón. Apuntó a Dick y disparó. ¡BANG!

Dick saltó hacia atrás ante el fogonazo, al tiempo que levantaba los brazos para protegerse. Tarde. La bala le llevó parte de la oreja izquierda y Dick, desde el suelo, agarrándose el sanguinolento trozo de oreja que todavía le quedaba sano, comenzó a maldecir a gritos.

—¡MecagüenDios, Jane! ¡Me has volado la oreja!

Jane sonreía. En la tele Heidi continuaba con más noticias. En Audubon, una chica había sido atacada con un punzón. La habían encontrado herida de gravedad en su casa. Un revolver había desaparecido de la vivienda. La paciente huida podía estar armada. Jane sonreía más. Dick seguía agarrando su oreja volada, entre jadeos de dolor.

—Vale —dijo con la voz rota—. ¿Qué es lo que quieres?

—Te quiero a ti. cariño. Y a las niñas. Os quiero a todos.

El cerebro de Dick no daba abasto. Al tiempo que reconsideraba su actitud —debía dejar de tratarla de loca y comenzar a engatusarla de alguna forma—, debía encontrar la forma de neutralizarla. Aunque de momento ella tenía la sartén por el mango, con aquel revólver. Pero, pensando en sartenes, era lo único que tenía a mano que pudiera usar como arma: sartenes. Tenía varias al alcance de su mano derecha, apiladas en una balda bajo la isleta.

—Ésta es una casa muy bonita. Podríamos vivir todos juntos aquí —dijo Jane mirando a su alrededor—. Pensé que vendrías aquí. Siempre te llevaste bien con tu primo Vincent.

—Tienes razón, Jane. Este sería un buen sitio para comenzar de nuevo, pero debes dejar ese revólver, cariño. Debes dejar de pegarme tiros. Las niñas… no lo verían bien, ¿no crees?

No estaba siendo muy acertado en sus formas, pero Jane pareció reflexionar y bajó poco a poco el arma.

—Puede ser —dijo con la mirada perdida, algo de aquella situación no cuadraba en su cabeza, pero decidió dejarse llevar y bajó el arma.

Dick comenzóa incorporarse. En la tele, Heidi preguntaba a un contertulio qué le parecíatoda aquella historia. Sobre el fuego, la válvula del hervidor se abrió con unfuerte silbido. Jane se giró y aprovechando el impulso de ponerse enpie, Dick le dio un tremendo sartenazo en la cabeza.

Jane se desplomó con los ojos en blanco. El cuello de la camiseta blanca comenzó a teñirse de rojo por la sangre que manaba de una brecha en su cuero cabelludo.

—¡Mierda, mierda! Me la he cargado —murmuró Dick—. Puta loca. Me la he cargado. 

Dejó la sartén en el suelo y se acercó para comprobar si Jane estaba viva. Le tomó el pulso en el cuello y sintió en sus dedos el latido de la arteria carótida. Suspiró de alivio. Se levantó y llamó a emergencias:

—Por favor, manden una ambulancia y a la policía al número de 16 de Babylon Gardens. La paciente huida del sanatorio de Worcester está aquí… Herida… Sí. Manden a alguien rápido.

Dick cogió el revolver que había traído Jane y se sentó en una silla a un par de metros de ella. Seguía inconsciente. Si se levantaba era capaz de cualquier cosa. Lo había hecho antes y lo volvería a hacer. Estaba mal de la cabeza. Era un peligro para él y para las niñas. Sería tan fácil pegarle un tiro allí mismo y acabar con esa pesadilla… No. No podía hacer eso. Iría al trullo y Mary y Charlotte se quedarían sin padre. Y sin embargo…

Heidi seguía charlando en la tele. Dick cogió el mando y la apagó. No le dejaba pensar. Sólo seguía el silbido del hervidor. Comenzó a caminar por la cocina rodeando la isleta hasta que se encontraba con Jane, Iba por un lado. Jane. Daba la vuelta, iba por el otro. Jane. Siempre Jane. Estaba tan guapa cuando dormía… Un rodeo más y… Jane. A Dick le dolia la mandíbula de tanto apretar los dientes.

El lejano ruido de las sirenas lo sacó de su estupor. Ya venían. Le curarían la oreja, se llevarían a Jane y su vida volvería a la “normalidad”. Volverían a internarla y ahí se quedaría hasta que la soltasen o volviese a escapar, obsesionada como siempre, con él, con arruinarle la vida. O quitársela… Él y las niñas tendrían que buscar otro sitio para vivir, quizás en otro estado… Vio la sartén en el suelo. La recogió y dio otra vuelta a la isleta hasta que volvió a encontrar a Jane.

Las sirenas de la ambulancia y la policía se iban acercando. Se entremezclaban en el aire y en la cabeza de Dick, con el silbido del hervidor, cada vez más alto, interfiriendo en su pensamiento. Trató de volver a coger el hilo. Ya estaban muy cerca. Se la llevarían… Volvería a salir… Tarde o temprano… O no… Saldría sana… Saldría peor… Intentaría matarle otra vez… Y a las niñas… En cualquier caso, Dick no podía quedarse con la duda. Así que levantó la sartén todo lo que pudo y la descargó sobre la cabeza de Jane con todas sus fuerzas.

Lecturas de piscina

Me sorprendo sonriendo mientras acompaño a Jay Gatsby a comer en Nueva York. Levanto la vista para paladear las palabras de las últimas frases que acabo de leer y noto que la sombra del árbol que me cubría hace unos minutos, ya se ha desplazado lo suficiente para que los rayos de sol ataquen voraces mi brazo izquierdo.

Me levantaría para zambullirme en el agua que me llama a través de reflejos, como si se comunicará conmigo en Morse. Ti-ti-ti-tiii, ti, tiii-ti. Sin embargo, necesito llegar al menos hasta el final del capítulo para saber qué tiene que contarle Jordan Baker a Nick Carraway y nada se interpondrá en mi camino. Ni las risas de los niños, ni el pequeño desfile de indecorosas lorzas y sonrojantes pellejos, ni siquiera el incesante avance del sol que ya no sólo castiga mi brazo, sino que también ataca sin piedad mi despejada frente.

Librería Fontana

Cuando yo era chaval todos los meses llegaba a casa este librillo que aparece en la imagen. “LIBROS COMPLETAMENTE NUEVOS a bajo precio procedentes de restos de edición” rezaba en su portada.

Contenía un pequeño listado de libros con sus descripciones y entre sus páginas, de vez en cuando, aparecía alguna joya como aquellos tres volúmenes de “El libro de las listas” de los que todavía algún amigo mío se acuerda.

Mi tío Jesus fue el que nos dio a conocer este catálogo. No sé como llegó el primero a sus manos (por aquel entonces lo que funcionaba era el boca a boca o mano a mano, en este caso), pero si alguien te dejaba uno y hacías un pedido luego comenzabas a recibirlo en casa todos los meses.

Recuerdo que lo esperaba con avidez, siempre a la búsqueda de algún tesoro. Sobre todo los meses de verano, cuando la cartera tocaba el timbre (vivíamos en el 1°A y siempre tocaba el nuestro) solía salir disparado hacia el portal para recibir las cartas en mano en lugar de que las metiese en el buzón, para así ser el primero en hojear el catálogo.

Con el tiempo, cuando trabajé en Asmatu, comprendí de donde provenían esos libros. Cuando yo compraba un libro en Librería Fontana, se me hacían inexplicables cosas como que las tapas de un libro estuvieran del revés. Sin embargo, tras conocer el proceso de encuadernación y la cantidad de operaciones que aún hoy se hacen a mano, comprendí que es muy habitual que algunos libros salgan con fallos, máculas y taras de todo tipo. Y en los talleres de encuadernación siempre queda algún resto de esos “de edición” que se decían en la portada. De alguna forma algún librero avispado, allí en Barcelona, en Nou de la Rambla 121, se hacía con ellos y durante unos cuantos años los sirvió diligentemente a pequeños buscadores de tesoros como yo.

No me queda más que dar las gracias.

Rebelde

Hospital Cedars-Sinai, Los Angeles.
-Siéntese, por favor, señora Oyarzabal.
-Señorita…
-Discúlpeme… señorita Oyarzabal. No tengo buenas noticias.
-Ya lo supongo, doctor Grady. Puede hablarme con claridad. Soy del gremio.
-Cáncer de hígado… estadio 4. Le quedan sólo unas semanas.

 

-Pero Delia, ¿qué vamos a hacer sin ti? ¿Qué va a ser del Instituto Utnos sin ti? ¡Ya casi lo teníamos!
-Lo siento, Edward. Me quedaré dos días más para dejar todo en orden.
-Si ya casi está… Los nanobots funcionan perfectamente, la administración de fármacos intracelular también… Sólo nos queda comprobar que la inserción de cadenas de ADN también funciona correctamente.
Ambos dirigen su mirada a las cajas de metacrilato en las que corretean treinta ratones blancos. Uno de ellos se retuerce entre espasmos hasta que queda inmóvil.
-Eso no parece muy prometedor – dice Delia.
-¡Oh, no! ¡Mierda! ¿Pero ves los demás? Están cada vez mejor.
-Sí. Hasta que mueren.
-¿Cuántos bots llevan?
-Ese era Merry y llevaba dos millones de L-Bots. Diez veces más que Elrond, el número uno. El inmortal. El que lleva doce años aguantándolo todo. Pero tenemos varios rangos, por encima y por debajo de Elrond. Ningún otro funciona.
-Y no acertamos con la tecla.
-Cierto. Este campeón ha superado enfermedades, tumores, amputaciones… Ha regenerado neuronas, huesos y tejidos. Y soy incapaz de reproducir lo mismo con los demás. Pero sé que estamos cerca.
-¿Tanto como para solucionarlo en dos días?
-No lo sé. Debe haber un comportamiento anormal en el caso de Elrond, algo que se nos escapa, que somos incapaces de reproducir en los demás. Quizás una especie mutación de bots.
Ambos observan en silencio cómo corretea Elrond alrededor de su pocillo de agua.
-Es un crack -dice Edward.
-Sí. Cuidadlo bien. Tiene un tumor en el cerebelo. Se está curando.
-¿Qué vas a hacer, Delia?
-Volveré a mi país. Pero tranquilo, lo dejaré todo en orden, para que podáis continuar…
-De acuerdo -Edward se gira apesadumbrado hacia la puerta-. Te dejo trabajar.
-Hasta mañana.
Edward sale por la puerta y Delia se inclina sobre la caja de Elrond.
-Ayúdame amiguito. Necesito tu secreto -murmura.

 

En una pantalla, Delia visualiza la distribución de nanobots en el cuerpo del ratón. Selecciona y amplia una zona del cerebelo en la que un tumor del tamaño de una lenteja se ve rodeado por una nubecilla gris. A continuación se sienta en un asiento reclinable y se coloca unos guantes hápticos y unas gafas de realidad virtual.
Ante ella, el tumor tiene ahora el tamaño de un estadio de futbol. Está bajo la epidermis de Elrond y la potente luz del laboratorio genera una penumbra rojiza en la celda cerebelosa. Aquí y allá se reproducen las blanquecinas células cancerosas, pero a su alrededor la nube gris formada por miles de nanobots va desgajándolas una a una de la estructura del tumor.
Delia está fusionada con uno de esos nanobots. Tiene control total sobre él. Un gesto de sus manos la lanza contra la célula cancerosa más cercana. Penetra a través de la pared celular y observa cómo otros compañeros desmantelan los cromosomas del núcleo. Cadenas de ADN flotan en todas direcciones. Esa célula ya no se va a reproducir.
Tras cada nanobot que sale de la célula cuelga una cadena de ADN. Servirán para reparar problemas en células sanas. Delia sigue un grupo de nanobots hasta una célula sana. Es una célula vieja. Los nanobots saben lo que deben hacer. Desde el primero que se introdujo en el cuerpo de Elrond todos replican la misma programación. Rodean el núcleo y poco a poco atraviesan la envoltura nuclear, alcanzan las cadenas de ADN de los cromosomas y sustituyen cadenas deterioradas por las obtenidas de la célula cancerosa.
Delia sale del núcleo y cuando se dispone a atravesar nuevamente la pared celular, por el rabillo del ojo observa un nanobot que se introduce en una mitocondria. Esto no lo ha visto nunca. Con un gesto de las manos inicia la persecución del nanobot. Dentro de la mitocondria éste trabaja en solitario. Introduce la cadena de ADN y elimina un segmento. Como si hubiera cambiado una pila, la energía comienza a fluir: los metabolitos comienzan a oxidarse y se acelera la síntesis de ATP.
Delia se incorpora. Algo le dice que el día de mañana será muy largo.

 

Una vía se abre paso por una vena del brazo izquierdo de Delia. Con el visor VR sobre la cabeza y las manos enfundadas en los guantes hápticos, Delia descarga un vial de lleno de nanobots en su torrente sanguíneo. Parece mercurio. Se coloca el visor y se encuentra en medio de la masa de nanobots. Impulsados por el constante bombeo del corazón, pasan por todos los órganos. En un minuto han recorrido todo el cuerpo tres veces.
La siguiente vez que pasan por el hígado, Delia logra detener el nanobot en uno de los tumores. Sabe lo que tiene que hacer. Su nanobot debe aprender el procedimiento; debe programarlo. Su comportamiento debe replicar el del nanobot rebelde de Elrond. El resto de nanobots comienzan su tarea con las células cancerosas. Ella se hace con la cadena de ADN apropiada, la introduce en el ADN mitocondrial, elimina el segmento adecuado y disfruta de la magia. A continuación libera el nanobot. Se quita las gafas y usando la pantalla introduce el comando que copiará el comportamiento de su nanobot en uno de cada cien mil de los que circulan por su cuerpo. Es una medida aproximada, pero la suerte está echada.

 

Instituto Onkologikoa, Donostia.
-Es fascinante. Hoy por la mañana he tenido una videollamada con el doctor Grady del Cedars y afirmaba que en su última consulta tenía usted un cáncer de hígado en estadio 4. ¿Cómo es posible que ya no haya rastro de él?
-No lo sé, doctor Zabala -dice sonriente Delia Oyarzabal-. Pero le aseguro que no puedo estar más contenta. Salude al doctor Grady de mi parte la próxima vez que hable con él.

Antzu

Aizpitarte, azken izotzaldiaren amaieran.

–Ama! Antzu umea egiten hasi da!
Ama eta Otsoko kobazulora itzuli ziren, Amon eta Otzan zeuden txokora. Otzan, Amaren alaba eta Otsokoren arreba, haurdun zegoen eta umaminetan hasi orduko amari dei egitera bidali zuen Amonek Otsoko, Otzanek lehen ere galduak baitzituen zenbait ume. Horregatik deitzen zioten Antzu, Otzan neska gazteari, umerik izan ezin zuelako.
–Oraindik ilargi bat geratzen zaio, ordea –esan zion Amak Amoni, iraz eta larruz egindako ohantzean aieneka zegoen neskari begira. Haitzuloaren sarrerako suak, Amonen begi lausotuak argitu zituen burua altxa zuenean.
–Otzan ez dun besteok bezalakoa –esan zuen Amonek–. Ezin dizkin umeak barruan eduki.
–Baina orduan galdu egingo al du berriz ere?
Amonek Otzanen sabel gainean jarri zuen esku bat. Bestea, berriz, izerdiz diz-diz egiten zuen kopetean jarri zion.
–Uste dinat oraingoan atera daitekela, baina azkar lan egin behar dinagu –esan zuen Amonek zutituz.
–Baina zer egin dezakegu, bada? Zain egoteaz gain?
–Hi hemen geratuko haiz Otzani laguntzen. Nik lan egin behar dinat. Eta Otsokok lagundu behar zidan.
–Zer egingo duzu, Amon?
–Badakin zer egiten dinen Otsok, nere semeak, hire gizonak, ehizera joan aurretik? Haitzuloaren barruan orduak pasatzen ditinanean?
–Bai. Animaliak marrazten ditu, ehiza ona izan dadin.
–Halaxe dun. Otsoko! Hoa ur bila, Otzanek beharko dik eta.
Mutikoa lurrezko ontzi bat hartu eta ziztuan atera zen haitzulotik. Amon bere ohantzea zuen tokira abiatu zen:
–Guk ere marrazki bat egin behar dinagu, bada.
Larru zati bat atera eta Otsok gordeta zeuzkan ontzitxo batzuk jarri zituen bertan. Otsoko urarekin itzuli zen.
–Eraman amari –esan zion Amonek– eta gero gerturatu egur mordoska bat. Su eder bat behar dik piztirik sar ez dadin.
Mutikoak haitzuloaren beste aldetik besakada bat egur ekarri eta sutondoan utzi zuen. Sua bizitzeko dozena erdi bat adar bota zizkion eta Amonen aginduetara jarri zen berriz ere.
Amonek larru zatia eta Otsoren ontziekin fardel bat osatua zuen eta Otsokori eman zion.
–Hartu hau kontuz eta bota gabe.
Otsokok haurra balitz bezala besoetan hartu zuen fardela eta Ama eta Otzanengana gerturatu zen. Otzanen aieneak lehen baino ozenagoak ziren eta Amak pikotxean jartzen lagundu zion. Bitartean Amonek gantzez betetako ontzi batean gar bat hartu zuen eta haitzuloaren goikaldeko tximinietako baterantz abiatu zen.
–Goazemak, Otsoko.
Biak kontuz-kontuz tximinia irristakorrean gora abiatu ziren. Amon aurretik argiarekin eta Otsoko atzetik fardelarekin. Aurrean paretetako hezetasunak Amonek zeraman garraren argia isladatzen zuen eta atzetik Otsokori bere arrebaren intziriak iristen zitzaizkion, gero eta urrunago, baina baita gero eta lazgarriago ere.
Tximinia estutzen zihoan heinean Amoni gero eta gehiago kostatzen zitzaion aurrera egitea. Ezin zuten lau hanketan gehiago aurrera egin. Etzan beharra zuten.
–Lagundu egin behar didak Otsoko. Hire eskubian txoko bat zegok. Utzi fardela bertan eta lagundu neri. Bultz egin behar diak tarte hau pasatzeko.
Esan bezala egin zuen Otsokok eta bere laguntzaz Amonek tarte estua pasa zuen eta haitzulo berri zabalago batera iritsi zen. Otsoko atzera itzuli zen fardelaren bila eta bera, hain txikia izanik, aisa pasa zen estugunetik. Beste aldean Amon zutik zegoen bere zain.
Haitzulo berri hark hiruki itxura zuen. Alde batean zaldi batzuk zeuden marraztuta eta bi gizonen irudiak haien atzean. Hirukiaren beste bi aldeetatik tximinia ban abiatzen ziren. Batean Otsoko bera ere nekez kabituko zen, Bestean sartu zen Amon, Otsoko, fardela hartuta, atzetik zuela. Tximinia tentea zen eta igotzeko maila batzuk zeuden harrian landuak. Hiru bat gizonen altueraraino iritsi ziren eta han gela bat topatu zuten. Amonek zeraman garraren argitan, paretetan bisonte eta zaldiak azaldu ziren: marraztuak batzuk, zizelkatuak beste batzuk, harriak berak zituen formak erabiliaz egidakoak besteak. Garra, lurretik gora zetorren harrizko tantai baten gainean utzi zuen Amonek. Haren dantzak irudiak ere dantzarazi egiten zituen eta Otsokori bizirik zeudela iruditu zitzaion, mugitzen ari zirela.
Amon horma aztertzen hasi zen eta bisonte handienaren eskubi aldean topatu zuen bilaka zebilena. Arrautza tankerako bi tontor topatu zituen paretean. Bat Otsoko bera adinakoa zen. Bestea berriz, aurrekoaren erdia. Bietatik haundiena aukeratu zuen Amonek:
–Honekintxe egingo diagu.
Otsokoren eskuetatik fardela hartu eta, desegin ondoren, bertako ontziak antolatzen hasi zen. Kolore ezberdinetako margoak zeuden ontzi haietan. Behatzekin margo gorria hartu eta tontorraren ingurua gorriz margotu zuen. Ondoren margo beltzarekin ile moduko batzuk marraztu zituen tontorraren inguruan. Eta azkenik, margo marroiarekin, tontorraren azpiko aldean, marrazten ari zen alu erraldoiaren sarrera osatu zuen, Otsokoren begiradapean.
Tximinian gora Otzanen garrasi itzalia iritsi zitzaien.
–Itzuli egin behar diagu –esan zion Amonek Otsokori–. Hi aurretik oraingoan. Eta ez geratu nere zai. Ilunpean moldatuko haiz, ezta?
Baietz egin zuen buruarekin Otsokok. Eta tximinian behera ezkutatu zen. Amonek sakon arnas hartu zuen eta bere atzetik abiatu zen, argia hartuta.
Otsoko haitzulo nagusira iritsi zenean, Ama eta Otzan honek besoetan zuen haur jaio berriari ikusi zituen. Baita haitzuloaren sarreran bi begi pareren distira ere. Sutatik adar bat hartu eta piztia parea aizkatu ondoren egur gehiago bota zuen sutara, honek berriz ere indarra har zezan. Amak esker oneko begirada bat bota zion.
–Nere mutikoa –esan zuen ahopean.
Amon haitzuloan arnasestuka azaldu zen unean, Otzanek Amari eman zion haurra eta beste garrasi batekin pikotxean jarri zen berriz ere.
–Beste bat dator! –esan zuen Amonek–. Hoa, Otsoko, hoa! Beste alu bat marraztu behar duk! Tontor txikian! Ulertu al duk?
Baietz egin zuen Otsokok buruarekin. Amonen argia hartu eta tximinian gora joan zen ziztuan.
–Korri, mutikoa! –oihu egin zion Amonek, haurraren negarrak eta Otzanen garrasien gainetik.
Berehala utzi zuen atzean zaldiak eta bi gizonen ganbara eta bigarren tximinian gora margoen gelara iritsi zen. Otsoren margoak han zeuden oraindik lurrean Amonek utzi bezala. Tontor txikia topatu zuen eta Amoni ikusi bezala bigarren alu eder bat marraztu zuen. Amonena baino txikiagoa, baina alua azken batean. Bukatu zuen unean, berriz ere Otzanen garrasi bat iritsi zitzaion tximinian gora.
Ontziak berriz ere larruzko fardelean sartu, argia hartu eta haitzulo nagusira joan zen bueltan, bere lanari azken begirada bat bota ondoren.
Ama eta Otzanek ume bana zuten besoetan: mutikoa Amak eta neska Otzanek. Zanga-zanga bularra hartzen ari zen neska. Denak pozik zeuden irrifarrez. Amonek musu bat eman zion Otsokori buruan. Kobazulotik kanpora gaua nagusi zen. Otso baten ulua entzun zen eta Otsoko berriz ere sua bizitzera joan zen. Atzera arrebari begiratu zion. Otzan ez zen gehiago Antzu.

Duerme, mi niña

-No, papá, no quiero dormir. 

-Vamos cariño, debes ir a tu cama. Es tarde y mañana tienes que ir al cole.

-Pero tengo miedo…

-Bueno, bueno… ¿Cómo va a tener miedo una niña tan grande como tú?

-Sí, tengo miedo, porque sueño con el señor de la sangre.

-¿Un señor de la sangre? ¿Qué señor de la sangre?

-Sí, es un señor que entra en mi habitación por la noche con la cara llena de sangre y me agarra y grita mi nombre.

-Vamos, cariño, no pienses esas cosas. Aquí sólo estamos mamá, tú y yo.

-Pero es que me da mucho miedo…

-Vamos a hacer una cosa. Anda, métete en la cama y te voy a meter las sábanas por debajo del colchón… así, ¿ves? Así estarás totalmente protegida. Y voy a dejar la puerta de mi habitación medio abierta para que te llegue la luz y te puedas dormir tranquila, que yo voy a leer un rato más. ¿Vale? Ahora respira hondo y cierra los ojos. Toma. Un beso. ¿Hay uno para mí?

-Sí,  muh.

-Muh. Buenas noches, cariño.

-Buenas noches, papá.

-¡AAAH! ¡PAPÁAA!

El padre se despierta aterrado, la frente perlada por un sudor frío. Era una pesadilla horrible, en la que su niña… Salta de la cama como un resorte y corre a ver a la niña.

-¡CARIÑO! ¡CARIÑO! ¡AY!-golpea la puerta entreabierta con la cabeza, pero no importa, la niña… la niña… Corre a la habitación y enciende la luz.

-Mi niña… ¿Estás bien? ¿Elena? ¿ELENA?-la niña duerme-. ¡ELENA!-la zarandea, tira de las mantas y las sábanas. La niña se despierta y aterrada por la visión de un hombre sangrando de la cabeza y que grita su nombre con los ojos desorbitados, grita:

-¡AAAH! ¡PAPÁAA!

El Círculo, de Dave Eggers

CircleHacía tiempo que quería leer este libro, desde que leí que era una crítica a todo este mundo que estamos construyendo alrededor de Google, Facebook, Twitter (por nombrar los más grandes) y compañía. Es un relato distópico que ocurre en un futuro no muy lejano.

Mae Holland es una chica con un trabajo gris de funcionaria, que apenas le da para pagar sus préstamos estudiantiles, un padre con esclerosis múltiple, una madre dedicada en cuerpo y alma a su cónyuge, una amiga llamada Annie y un ex-novio llamado Mercer. Su amiga Annie trabaja en El Círculo y tiene un puesto bastante alto. Lo suficiente para lograr que Mae entre a trabajar en El Círculo, en el área de “Experiencia del Cliente”.

[Experiencia del Cliente] en realidad es la base de todo lo que sucede aquí. Si no les damos a los clientes una experiencia satisfactoria, humana y humanista, nos quedamos sin clientes. Dan

El Círculo es una especie de Google con esteroides, que ya ha absorbido a la propia Google, a Facebook y a todo competidor que se le ponga por delante. Está dirigido por tres “sabios”, los socios que crearon la empresa, y cuya delirante visión de lo que debe ser información de dominio público y lo que debe ser la privacidad es lo que da el punto distópico a la novela.

No voy a contar más, porque ya estaría destripando la novela. Sólo voy a decir que se lee fácil, que es mejor que otros relatos distópicos que he leído por ahí, que creo que es posible que en la vida real la tecnología nos lleve a situaciones parecidas, pero que confío en que la gente siga teniendo algo de aquello llamado “sentido común“.

Nadie te está obligando a hacer nada. Con estas cadenas se ata uno voluntariamente. Mercer

Ayo Asmatu, kaixo Tumaker

Pasa el tiempo, pasan los años y ya van casi siete desde que deje LAC para incorporarme a Asmatu, donde he sido Director de Producción durante todo ese tiempo. Han sido años de los que, a pesar de las tensiones del día a día, me llevo unas buenas relaciones con clientes, proveedores y compañeros, en algunos casos incluso de amistad.

Cuando dejé LAC  para ir a Asmatu pasé del sector de la automoción al de auxiliar de artes gráficas, lo cual supuso un cambio importante en mi forma de entender la producción. Era otra cosa. Pasar de tener un par de referencias a hacer cientos de ellas al año todas distintas, pasar del just-in-time al “lo quiero para ayer”,  de órdenes que duraban años a órdenes de menos de una semana… Sí. Fue todo un cambio.

Ahora inicio un nueva etapa. Hace unas semanas terminé mi relación con Asmatu y desde ayer soy Director de Producción en Tumaker. Un nuevo proyecto que apuesta por un sector al alza, el de la fabricación personal, que encaja a la perfección con mi idea de cómo va a ser el futuro y por dónde van a ir las cosas. Al menos algunas cosas.

Por tanto, de ahora en adelante, lo que sé, lo que hago y lo que aprendo estarán orientados a la fabricación de impresoras 3D, hoy, y quién sabe qué más, mañana. Al igual que hace 7  años, supone un cambio, volver a empezar, con un taller nuevo para poner en marcha desde lo más básico, volver a vivir la escalada de la producción como en LAC desde cero. Un tipo de producción diferente, ordenes más cortas que en automoción, pero más largas y más uniformes que en Asmatu. Una vez más, es otra cosa. Another thing. My next big thing.

 

 

Cómo cambiar la pantalla de origen del Galaxy S4

Llevo un mes con el nuevo teléfono y puedo decir que de aquí en adelante las fotos del blog serán un poquito mejores ;).

El caso es que me he encontrado con un pequeño problema que supongo que también le habrá ocurrido a otra gente. Es la típica cosa que es una tontería, pero que molesta. Y mucho.

Cómo cambiar la pantalla de origen del Galaxy S4.

Parece ser que en Android, o al menos en el Galaxy S4 así es, se pueden configurar hasta 7 pantallas. Una de esas pantallas es la de origen, la de la casita, aquella a la que vas cuando pulsas el botón de home.

La pantalla de origen por defecto es aquella que tiene el reloj y, por lo visto, debí manipular algo incorrectamente y se me había movido la casita y mi home ya no era el del reloj, sino otra de las pantallas. Sin embargo me gusta que el reloj esté a la vista.

Después de mucho buscar en Google y encontrarme con un montón de páginas que explican cómo se puede cambiar la imagen de fondo de la pantalla finalmente he descubierto aquí cómo cambiar la pantalla de origen.

Cómo

Hacer el movimiento de pinza en la pantalla para ver las miniaturas de todas las pantallas.

S4

Cada una de esas miniaturas tiene sobre ella una especie de flecha (las he marcado con círculos rojos). Esa fecha no es tal flecha, sino que es una casita. Simplemente tenemos que pinchar en esa casita y se define el home.

Ya.  Ya sé que es una tontería, pero cuando no ves algo… Pues no lo ves.